sábado, 6 de diciembre de 2008

JESÚS NACIÓ EN UN ESTABLO







Con mi felicitación navideña a todos mis seguidores.

Lo dice así Giovanni Papini recogiéndolo de los escritos evangélicos y la tradición que enlaza con Justino y Orígenes. Papini, un converso que “aspiró a ser Dios”, y terminó por escribir “La Vida de un Dios que se hizo hombre”, como él mismo confesaría explicando los motivos que le llevaron a su “Historia de Cristo”. Aconseja su lectura el cardenal Rouco Varela, prologuista de una reciente reedición. Es sobre todo la historia de un convertido, convencido de no alcanzar nunca la belleza y perfección de los evangelios. Véase, si no, la versión de San Lucas, tomada de labios de María.
Y es Papini quien nos recuerda en la primera línea de su Historia, que “Jesús nació en un establo”. En un verdadero establo, nada de casa renacentista. “Un establo real es la casa de los animales, la prisión de los animales que trabajan para el hombre”. Paja, estiércol y humedad. “El lugar más sucio del mundo fue la primera habitación del más puro entre los nacidos de mujer”. Y no fue por casualidad. ¿Acaso, se pregunta, “no es el mundo un inmenso establo donde los hombres engullen y estercolizan?”.
Los primeros adoradores del Niño (obviando a María y José), después de las bestias, serían los pastores, la gente más despreciada de ese tiempo. Gente sencilla acostumbrada a mirar las estrellas. Quizá representen a los humildes de todos los tiempos. Pastores habían sido Saúl y David, los primeros reyes de Israel.
Aunque para mí, el primer adorador de Jesús concebido, no nacido, fue Juan el Bautista, feto de seis meses dentro del vientre de su madre Isabel... Dice el evangelio de San Lucas (Cap. 1, 42) que “así que oyó Isabel el saludo de María, exultó el niño en su seno, e Isabel se llenó del Espíritu Santo”. ¡Un no nacido arrodillado ante el Mesías feto de unos días! Hoy que tantos no nacidos son exterminados, que se les despoja de su identidad personal, corrigiendo el orden de Papini, es claro que el primer adorador del Hijo de Dios, fue Juan Bautista en el seno de María, su madre. Y tiene cierta lógica, los sacrificados y los perseguidos (fetos y niños) tendrían un primer plano en esa venida de Dios con nosotros, hermano de sus hermanos más despreciables... Después vendrían las bestias y los pastores, el mundo inmenso de los inocentes... Dios ensalzando a los humildes, a los indefensos, a los hambrientos. “Derribó a los potentados de sus tronos y ensalzó a los humildes”.
Otro historiador de Jesús fue Giuseppe Ricciotti (Roma, 1890-1964, arqueólogo y sacerdote católico. Cuenta en el prefacio de su obra “Vida de Jesucristo”, que la primera idea de escribir este libro se le ocurrió en circunstancias adversas, herido de guerra en un hospital en un hospital del valle de los Alpes, donde estuvo cerca de la muerte. En un momento de temor, se le vino a la mente que si salía vivo del campo de batalla (primera guerra europea) escribiría una Vida de Jesucristo. Junto a él, sobre su jergón, cuenta, tenía un ejemplar del Evangelio, cuyas páginas estaban manchadas de sangre que “sobreponían a guisa de rúbrica a los caracteres griegos, parecíanme un simbólico entrelazamiento de vida y de muerte.”
Sin embargo, no escribiría inmediatamente su libro. Le infundía pavor la sola idea de escribirlo, idea que nunca se fue de su cabeza, convirtiéndose cada vez más en una necesidad. Buen conocedor de la historia de Israel y de la Guerra de los Judíos de Flavio Josefo, conocía mejor que nadie la geografía evangélica, el mapa de la vida de Jesús. Tendría que venir la segunda gran guerra para renovar la agonía de aquel hospital de campaña, ahora en peores circunstancias. Europa nuevamente anegada de sangre, para comprender que había llegado la hora de salvar a una humanidad llamada civilizada en trance de muerte. Y se puso a escribir y a rezar. No podía quitarse de la mente aquel Evangelio de su jergón de soldado manchado de sangre. ¡Otra vez la guerra!
En la Pascua de 1941 aparecería su voluminosa e interesantísima Historia de Jesucristo, cuya primera edición se agotó en un mes. Y así las sucesivas...
Riccotti también nos recuerda que Jesús nació en un establo. Retablo que el Peregrino de Burdeos pudo contemplar en el siglo IV bajo las bóvedas de la gran basílica que, en 325, mandara edificar Constantino, respetada por los persas invasores en 614 y que, hace unos años, vimos también nosotros un día de lluvia, con soldados con metralleta. Basílica de tres rostros: ortodoxo, armenio y católico donde se venera un retablo con la imagen de la Virgen ofreciendo su Niño recién nacido a los peregrinos...¡Muéstranos a tu Hijo! Abajo, en la sombra, la gruta con la estrella luminosa donde se lee la inscripción. “Y el Verbo se hizo carne...” Aquella mañana de lluvia, llena de peregrinos de todo el mundo, católicos y ortodoxos, oficiales rusos firmes adoradores de la Estrella que siempre guía.... Son maravillosas las obras del Todopoderoso...


José ASENJO SEDANO

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