martes, 3 de junio de 2008

"BIBRAMBLA, MON AMOUR"


Artículo publicado en el periódico IDEAL, de Granada, el día 2 de junio de 2008, por el autor de la novela "Bibrambla, mon amour", Arte Impresores, Granada, 2008, Carlos ASENJO SEDANO.




* LOS conocí a ambos en un curso de verano en la Sorbona. A él, porque era un compatriota que asistía a mis mismas clases, Literatura y Arte francés del siglo XVIII, y con el que, por distintos y complicados motivos políticos, acabé por tener gran intimidad y no pocas complicidades no siempre confesables... A ella, Odile, también alumna del mismo curso, porque era una francesa deslumbrante, amiga y algo más, a la sazón, de mi compatriota. Luego sabría que ella, Odile, era vascofrancesa. Ellos, más entretenidos en su romance a la francesa, prestaban poca atención al estudio, por lo que mi compañía era más bien esporádica. Pero la belleza de Odile era de tal calidad, tan refinadamente francesa, que nunca la pude olvidar, si es que dejé de desearla alguna vez Porque era de esas mujeres que, vistas una vez, jamás se olvidan.Y pasaron los años, y con los años llegaron todas aquellas revoluciones encubiertas que transformaron la sociedad española lo mismo en lo político que en lo social, como sucedió igualmente en toda Europa y también en todo el mundo. Y un verano que, como de costumbre, a media mañana tomaba café en una de las cafeterías de la plaza de Bibrambla, inopinadamente me tropecé con mi antiguo condiscípulo que, unas mesas más allá, también tomaba café en compañía de una mujer, algo madura, que tardé unos minutos en reconocer como aquella Odile de la Sorbona, ahora quizá un poco más sofisticada pero igualmente deslumbrante. Y ambos, mi amigo y la francesa, tan acaramelados como antaño, por lo que no quise estorbarles el idilio, yo parapetado tras mi periódico. Hasta que ella se marchó y yo, entonces, abordé al viejo compañero, con el que, desde entonces, tuve, reservadamente, muchas confidencias, acaso debidas al miedo que lo embargaba.En definitiva, me confesó, quizá buscando alguna protección en mi amistad, que era agente de ETA, y que estaba en Granada con una doble misión. Una, controlar a Odile, aparecida inesperadamente en escena como otra agente de ETA, sin que él supiera, en principio, este dato. Y segundo colaborar, desde la distancia, en la preparación de un atentado contra una autoridad de Granada, que por los indicios parecía ser el alcalde, al mismo tiempo que, con la tapadera de aquel atentado, nos deshacíamos de la agente, madame Vincent, Odile, y de su hijo, que venían actuando de una manera indisciplinada, con objetivos, como éste de Granada, no del gusto de la Cúpula, y justificado por las gentes de madame Vincent en razón a que un guardia civil de Granada, en un tiroteo en Fuenterrabía, se había cargado al hijo mayor de Odile, también miembro activo de ETA, aunque también el guardia civil había muerto en ese enfrentamiento. Por eso la venganza tenía que cargarse sobre sangre granadina.Pero mi amigo, cuyo nombre omitiré por razones obvias, estante en Granada bajo la capa de corresponsal del diario parisino 'Le Monde', se le adivinaba empapado de miedo y precauciones, ya que, me contaba, últimamente, se le venía haciendo el encontradizo, con cualquier pretexto, el comisario de policía Ramírez, quien aprovechaba la ocasión para preguntarle esto y lo otro sobre su amiga, la madame Vincent, insinuándole, al descuido, que la pasma tenía algunos informes sobre su estancia y propósitos en Granada, pero a cuyo hijo no acababan de localizar, siendo éste, como bien sabían, la punta de lanza del comando. Y sin que, por otra parte, se atreviera la pasma a abordar a la francesa, siendo como era francesa, y venir muy respaldada y acreditada lo mismo por la Embajada de Francia que por las autoridades españolas. Por lo que Ramírez acabó rogándole a mi amigo su colaboración para escarbar en los interiores de madame Vincent, y, por ahí, tratar de llegar a su hijo, incluso recurriendo Ramírez a razones patrióticas -«como buen español que sabía que era»- no sólo para poder controlar al comando terrorista sino, si podían, detenerlo, evitando así que culminaran su proyectado atentado en Granada, seguramente en la persona del alcalde u otra autoridad de relieve, quizá acompañado de una masacre indiscriminada, para lo cual, Ramírez estaba seguro que la llave o la pista a seguir era la de madame Vincent, Odile, aprovechando mi amigo sus intimidades amorosas con la francesa «Porque, como le argumentaba Ramírez, si uno consigue meterse en la cama de una mujer, ahí ya no hay secreto que no se abra y se explicite hasta sus más profundas raíces; ¿ vaya, insistía Ramírez, que una mujer en la cama es el libro más abierto y expresivo!..,Y, usted, mi querido corresponsal, bien entiendo que tiene paso franco en esa cama »Pero mi amigo rechazaba el supuesto del inspector, ya que su intimidad, decía, no llegaba a tanto. Aunque al mismo tiempo entendía las razones de Ramírez, por lo humanitarias y patrióticas, pero el amor que le había renacido, y quizá enloquecido de nuevo por Odile, le prohibían hacerle cualquier faena o traición a la francesa, 'mon amour'.Y entonces fue cuando Ramírez, sibilinamente, acaso por vía de chantaje, le dio a entender a mi amigo que también tenían alguna información sobre su corresponsalía de 'Le Monde' en Granada. Y que si no quería colaborar, él, Ramírez, se vería obligado a jugar otras cartas ¿Cuáles?... ¿Acaso Ramírez conocía algo de su relación con ETA?...Por eso mi amigo estaba ahora tan preocupado como asustado, sin saber con certeza cómo jugar sus cartas para tratar de salvar a Odile, pero también para evitar que el atentado en cuestión, ya en fase de preparación muy avanzada -para el Día de la Patrona- se consumara, y de esta forma desaparecer todos, cada uno por su lado, del escenario granadino... Cuando, hete aquí, que para complicar más sus preocupaciones, Odile, muy enmascaradamente, le dio a entender que para ella no era un secreto el papel y la misión del corresponsal de 'Le Monde' en Granada. Y que por el amor que siempre, y ahora más, le tenía, le aconsejaba a mi amigo que se guardase de unos y de otros, de propios y extraños, es decir, de ETA, pero también de Ramírez, porque pudiera ser que en el ya cercano atentado contra el alcalde, además de esta víctima, acaso marginal, se buscara principalmente deshacerse de colaboradores maketos no del todo fiables para la causa.Por eso, ahora, mi amigo estaba doblemente asustado. No sólo por Odile, tan enamorado de ella, como por su propia vida, sabiendo como se las gastaban sus jefes. Y así ya tenía la certeza de que sobre su persona, ahora, gravitaban no sólo los ojos de Ramírez sino otros desconocidos de algún agente de ETA, quizá los de la misma Odile , aunque no lo creía. ¿Y la máquina que tenía que acabar con el alcalde, y posiblemente también con Odile y con él mismo, dando señales de estar en movimiento¿ .Por eso mi amigo, aquellos días, cuando desapareció del escenario granadino con Odile a su vera, estaba tan asustado, sin que yo pudiera imaginar como escapó de la ratonera en que se había metido. Pero, unos meses después, me lo tropecé en Londres, y allí me contó el desenlace de esta historia que, por otra parte, ustedes, si les interesa, pueden leer en mi libro 'Bibrambla, mon amour'.

Carlos ASENJO SEDANO.

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